
“Llegaron pues Moisés y Aarón al Faraón e hicieron como había ordenado Yahveh, arrojando Aarón su cayado ante el Faraón y sus servidores y se convirtió en serpiente.
Entonces, el Faraón llamó también a los sabios y magos, y también ellos, los adivinos de Egipto, hicieron lo mismo con sus sortilegios. Cada uno arrojó su cayado y se tornaron serpientes” (Éxodo 7, 10-12)
En la Edad Media, al hablar a teólogos, uno presentaba este texto y la cosa quedaba clara. Hoy día, cuando uno ofrece un texto de la Biblia a los teólogos, hay después que demostrar que el texto quiere decir lo que dice…
La autoridad de la Biblia nunca ha estado más a la baja entre los teólogos.
En pocos temas como en la demonología se percibe de un modo más claro que lo que dice la Biblia va a misa. Cuando la Sagrada Escritura habla en materia de demonología, no hay que buscarle sentidos raros y retorcidos.
El texto aducido del Éxodo muestra que los demonios pueden hacer cosas extraordinarias que van más allá de las leyes naturales que conocemos.
No pueden crear algo de la nada, no pueden hacer vivir a un muerto, no pueden saltarse las leyes de la naturaleza; lo que obran deben obrarlo según las leyes de ésta.
Dios sí que puede obrar más allá de esas leyes: puede crear algo, puede devolver la vista a un ciego con solo quererlo, puede revivir un cuerpo que se está corrompiendo.
Un demonio puede curar la ceguera de alguien sólo si con su poder y a través de las leyes de la naturaleza tal cosa es posible. Lo mismo que un médico puede curar ciertas cosas con su ciencia y los medios a su alcance, y otras cosas no puede curarlas.
Y lo dicho para esta materia vale para el resto de los fenómenos. Puede suspender algo en el aire, puede conceder una gran fuerza física a alguien en un momento dado, puede provocar una tempestad; pero no puede hacer inmortal a una persona, pues las leyes de la biología siguen su curso.
No puede transformar el agua en vino, pero puede extraer el agua de un recipiente cerrado y reemplazarla por vino.
No puede crear de la nada un ojo en la cavidad vacía de la cara, pero sí que podría retirar una piedra del riñón.
Cada demonio obra según el poder de su naturaleza, y sin poder salirse de los límites que le imponen las leyes del cosmos.
Dios es el único omnipotente cuyo único límite es lo imposible. Y así como Dios no puede crear un círculo cuadrado, tampoco puede pecar, ni olvidar algo, ni crear otro Dios.
Que el demonio pueda hacer cosas extraordinarias explica que el Faraón y su corte se mantuvieran firmes en no dejar marchar al pueblo hebreo, a pesar de ser testigos de los portentos que Dios hacía, pues el Faraón veía con sus propios ojos que sus magos también hacían cosas extraordinarias. Por eso pensó que con la ayuda de todos sus dioses, podría luchar contra el dios desconocido y hebreo; no captó que el dios desconocido no era un dios, sino Dios.
De la misma manera que los magos del Faraón transformaron sus cayados en serpientes, o hicieron aparecer también ellos ranas, así también al final de la historia Dios permitirá que los demonios hagan los hechos extraordinarios que narra el Apocalipsis.
Como se dice en el último libro sagrado de la Biblia, en el final de los tiempos habrá personas que harán portentos por obra del demonio.
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