II Domingo del tiempo ordinario (Ciclo A)
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En aquellos días, llegaron los hijos de Israel al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña.Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo:«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los hijos de Israel: “Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mi. Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”».
Dijo Jeremías:Oía la acusación de la gente: «“Pavor-en-torno”, delatadlo, vamos a delatarlo».Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él».Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes.Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará.Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa!Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa.
Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.Ella dijo a su marido:«Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse».Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.Entonces se preguntó Eliseo:«¿Qué podemos hacer por ella?».Respondió Guejazí, su criado:«Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano».Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.Eliseo le dijo:«El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».
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En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado.
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